Una de nuestras primeras entradas del blog fue la de El Argot Ciclista, en la que uno de los términos incluidos era el de Aguador. Según nuestro argot, el aguador es el "ciclista encargado de bajar a la cola del pelotón en busca de agua y alimentos para el resto de compañeros de su equipo". Trabajo muy alejado de las cámaras y los flashes pero de vital importancia para el buen devenir de los compañeros y del equipo en carrera. Es el encargado de que a compañeros y sobre todo al líder no le falte avituallamiento y solo tengan que preocuparse de dar pedales.
Pero ¿quién es el encargado de este trabajo?
Hay pocos corredores, por no decir ninguno, que puedan afirmar que ellos nunca han sido aguadores. No se trata de una simple tarea predestinada a algún tipo de corredores, sino que también es una muestra de compañerismo, y sobre todo, de galones. Por norma general, el trabajo de aguador es desarrollado por los ciclistas más jóvenes o por los gregarios; es decir, por corredores que por norma general tiene poco que perder en caso de que la carrera se encienda y les pille en cola del pelotón.
El aguador ¿nace o se hace?
Cierto es que esta labor no es muy mañosa ni complicada, sobre todo para aquellos que miden los kilómetros anuales en sus piernas por millares, aún así y para ser justos, decir que aún conservo secuelas, de cuando, siendo aún chaval, una tarde de verano tras ver la etapa del Tour, intentando emular junto a unos amigos a los mejores aguadores, dí con los huevos en el suelo. La dura vida del globero, que os voy a contar.
Pero ¿quién es el encargado de este trabajo?
Hay pocos corredores, por no decir ninguno, que puedan afirmar que ellos nunca han sido aguadores. No se trata de una simple tarea predestinada a algún tipo de corredores, sino que también es una muestra de compañerismo, y sobre todo, de galones. Por norma general, el trabajo de aguador es desarrollado por los ciclistas más jóvenes o por los gregarios; es decir, por corredores que por norma general tiene poco que perder en caso de que la carrera se encienda y les pille en cola del pelotón.
El aguador ¿nace o se hace?
Cierto es que esta labor no es muy mañosa ni complicada, sobre todo para aquellos que miden los kilómetros anuales en sus piernas por millares, aún así y para ser justos, decir que aún conservo secuelas, de cuando, siendo aún chaval, una tarde de verano tras ver la etapa del Tour, intentando emular junto a unos amigos a los mejores aguadores, dí con los huevos en el suelo. La dura vida del globero, que os voy a contar.




